El oro ha sido
históricamente el patrón mas utilizado para cumplir
esta misión, aunque no el único.
Para definir el valor de
su unidad monetaria, un país debe adoptar un sistema monetario
que establezca el valor de su moneda en relación con otro
punto de referencia.
A lo largo de la historia,
dicho punto de referencia ha sido algún metal precioso, como
el oro y la plata, o bien alguna otra divisa, como la libra esterlina
o el dólar, cuya fortaleza en el mercado de valores internacional
les ha permitido ejercer de respaldo para fijar el valor del resto
de divisas.
El patrón monetario
establece la equivalencia o valor intercambiable entre la unidad
monetaria y su peso correspondiente en metales preciosos, o en cantidades
de otras monedas.
Define, además, un
sistema de paridades en el mercado de divisas, una condición
fundamental para que las relaciones económicas entre distintas
naciones funcionen adecuadamente en el marco de un sistema monetario
compartido.
Durante muchos años,
el patrón de oro fue el que determinó el valor de
las divisas de aquellos países adheridos al Sistema Monetario
Internacional. El valor de cada divisa se establecía sobre
la base de las reservas de oro que poseía un determinado
país, ya fueran en lingotes o en monedas de oro.
Principales rasgos
del patrón oro
La unidad monetaria nacional estaba definida
en términos de una determinada cantidad de oro establecida
por ley.
La paridad monetaria se obtenía al
comparar el contenido de oro de dos monedas distintas que participaban
del sistema.
Los medios de pago en papel moneda emitido
por un banco central eran convertibles en oro.
La emisión de billetes estaba regulada
por las reservas de oro de cada país.
La convertibilidad de las monedas que participaban
en el sistema quedaba asegurada a tipos de cambios fijos, determinados
por la paridad entre las monedas y por la libertad de importación
/ exportación de oro.
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